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El mundo huele Soria con ‘La Loba’ y ‘La lobita’

La emprendedora, Ana Carazo, dota a la Ribera del Duero soriana de dos bodegas en un proyecto para sacar vinos de autor de los minifundios vitivínicolas

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Concha Ortega / ICAL Ana Carazo, enóloga promotora de la bodega La Loba en Matanza de Soria

 

Lleva las manos llenas de arañazos, tostadas por el sol y curtidas. Entre su pantalón y el zapato se entrevé alguna herida más profunda, fruto de atravesar las viñas en pleno corazón de la Ribera del Duero soriana, un tesoro vitivinícola con escaso porcentaje de superficie dentro de esta zona protegida, pero que produce caldos inigualables. Este año, sin ir más lejos, el Internacional Wine Challenge 2019, ha determinado que el mejor vino de España es el Legaris de Alcubilla de Avellanada, un caldo producido gracias a la vid de la Ribera soriana.

Ana Carazo (Alicante, 1984) es ya por genética y por tirar de azada un ejemplo de emprendimiento con mayúscula en el medio rural soriano, de lucha por darle oxígeno a esta tierra ahogada por sus problemas demográficos y su falta de oportunidades. Con sus caldos ‘La Loba’ (su buque insignia) y ‘La lobita’ está dando vida a Matanza de Soria y pone en valor los minifundios vitivínicolas de la Ribera. Pero su proyecto no acaba en Matanza. A corto plazo prepara un vino de Quintanilla de Tres Barrios con el enólogo manchego, Elías López Montero, por eso de que “el vino tiene de bueno el compartir”; pretende recuperar “con criterio” los viñedos centenarios que, afortunadamente todavía se conservan y producir caldos que “saben a Soria” bajo la denominación de la Ribera del Duero. Además, también creará otros que nacerán bajo el paraguas de Tierras de Castilla y León, procedentes de viñas linderas a la Denominación, que prometen ser “toda una fiesta”.

Afirma que su vida en los últimos dos años se ha limitado a trabajar para sacar adelante su proyecto, y con cierta nostalgia, por la pérdida de la juventud y por las muchas dificultades que encuentra en el camino, sobre todo de tipo burocráticas, admite que se embarcó en un proyecto a los 27 años cuando realmente quería hacerlo cuando cumpliera 50.

Su relación con Matanza de Soria, barrio de San Esteban de Gormaz, viene de lejos. Sus padres son de esta pedanía soriana y como muchos otros tuvieron que emigrar a la España más próspera en los 60 para buscarse un futuro mejor. Ella volvió en 2011, en plena crisis económica, a recuperar la viña de su familia e intentar poner en valor la zona con “honradez”, ya que “los viñedos de Soria son únicos y los toma prestados, como un regalo”.

Su relación con la vid viene de lejos. Su currículum lo resume en haber tocado muchos palos: ha hecho vendimias en los dos hemisferios, en Nueva Zelanda y también en la Patagonia, ha trabajado en una bodega del Bierzo y también en el País Vasco con el txakoli; en vinificaciones masivas y también produciendo vino blanco. Después de dar varias vueltas por España, sus padres se embarcaron en un negocio de distribución de alimentos y vinos Ribera del Duero en Alicante y la curiosidad por lo que vendían sus padres le hizo convertirse en enóloga.

“He crecido en torno al vino, tanto en viñedo y en bodega, como en su comercialización. Estos dos últimos años me he embarcado en la construcción de dos bodegas una para La Loba, dentro del Consejo Regulador Ribera del Duero, y otra para producir vinos de Tierras de Castilla y León con uvas de la localidad de Piquera de San Esteban. A pesar de tener muchísimo trabajo y muchos quebraderos de cabeza mis principios son los mismos”, relata.

Para ella su proyecto ‘La Loba’ no es el sueño que un día tuvo un emprendedor sino más bien un camino, una filosofía de vida, el arrimar el hombro para mostrar al mundo lo mejor de Soria.

“Insisto en que hay que dar a conocer el valor de las viñas prefiloxéricas; solo me asocio con los viticultores que aman la viña y en mis tratos a veces pierdo porque me veo obligada, incluso a hacer clarete o regalar ‘La Loba’, a cambio de que me dejen vendimiar su viñedo viejo. No aspiro a hacerme rica, sino a vender un vino de edición limitada que encumbre las viñas de Soria. También lucharé para conseguir que haya un convenio vitivínicola. Ahora los trabajadores de la vid se rigen por el de agricultura y ganan una mierda. Mi proyecto tiene que ver con hacer bien las cosas no con producir vinos caros porque sí. Ante todo el producto”.

 

Suelos y clima

Este año la vendimia en Soria ha sido “desequilibrada pero de gran calidad”, por las abundantes lluvias del verano. Tal es así, que Ana Carazo manifiesta que ha tenido que catar una por una las uvas que recogía. Rechaza el uso de productos químicos en sus viñedos pues su máxima es devolver la vida a las cepas centenarias, trabajando de la forma más respetuosa y natural.

La altitud y la variedad de suelos de la Ribera del Duero soriano (arcillosos, arenosos, con cantos rodados.) y las distintas orientaciones dan un juego tremendo a los caldos sorianos, según la emprendedora.

“Yo no maquillo el vino, no adiciono ni con levadura ni bacteria para fermentar. En la Ribera soriana das cuatro pasos y el suelo cambia, cambia el ciclo y la maduración, la estructura de la uva. Abajo (refiriéndose a la Ribera del Duero de Burgos y Valladolid) arrancaron lo viejo y plantaron joven. Ahora algunos viticultores vienen a Soria para que les des sarmiento y reproducirlo en vivero.

Ana Carazo es la autora de‘ La Loba’, que es un vino con estructura y frescura, serio, elegante, 100 por cien tempranillo, envejecido en barrica de roble francés durante el tiempo que necesite.

‘La Lobita’ es juventud, es revoltosa y tiene un carácter sorprendente porque tiene una vuelta de fruta y de belleza. Ambos, como las viñas viejas de Soria, aguantan en el tiempo y después de diez años los descorchas y conservan toda la “historia de esta tierra”.

La abuela paterna de Ana Carazo era ‘La Loba’ de Matanza. Cuenta como una noche su abuela materna Anastasia, que falleció mientras ella iniciaba el proyecto, le dijo cuando se disponía “a dar la vuelta al vino”: ‘¡Cómo no vas a ser lobita si vienes de la loba!’.

De ahí vino el nombre, que se ajusta a la perfección con la personalidad de Ana, que lucha por hacer vinos que huelan a Soria.

“Hace unos años el mundo no sabía ni que Soria estaba dentro de la Ribera del Duero. Ahora te dan las gracias, por que hay un Ribera distinto”, puntualiza.

‘La Loba’ con sus escasas 8.000 botellas en el mercado y ‘La lobita’ con 1.000, hacen que la Soria despoblada aúlle en el mundo del vino, algo tan difícil que solo se consigue si hay una loba alfa.

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