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Por un camino de estrellas

Las reconocidas cocinas del Restaurante Pablo de León y el Bon Bon de Carvoeiro marcan la trayectoria de la joven Luisa Castro

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Carlos S. Campillo / ICAL La repostera Luisa Castro, cursa una beca Erasmus+ del Ildefe en el Restaurante Pablo, recientemente galardonado con una Estrella Michelín. Junto a ella, los propietarios, Juanjo Losada y Yolanda Rojo

 

Luisa Castro Rodríguez pone el colofón a los platos que se sirven en el Restaurante Pablo de León. De sus manos salen los postres que degustan los comensales del establecimiento recientemente distinguido con una estrella Michelín. Pero su primera experiencia en un local perteneciente al prestigioso club de los astros gastronómicos tuvo lugar en la región portuguesa del Algarve, donde definió su gusto por la pastelería durante una beca Erasmus+ que disfrutó en las cocinas del Restaurante Bon Bon de Carvoeiro.

Nació en Cali (Colombia) hace 27 años, pero se crió en Bogotá con su abuela y una tía. Llegó a León de adolescente para vivir con su madre en un pueblo de La Cabrera y después de terminar la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) decidió cursar un módulo de Auxiliar de Cocina en Astorga, donde hizo prácticas antes de trabajar varios años en el hotel Virgen de Viforcos de Quintanilla de Losada, donde ejercía de camarera pero también ayudaba en los fogones. Allí, reconoce, empezó a vivir la cocina como una vocación más que como una mera salida profesional.

Decidió matricularse en el Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP) Ciudad de León, donde se imparten los ciclos formativos de Grado Medio de Cocina y Gastronomía y de Restaurante y Bar. Allí adquirió durante dos años los conocimientos y destrezas necesarios para enfrentarse después al reto de hacerse un hueco en el mercado laboral y compatibilizó los estudios con un trabajo en Foster Hollywood.

Ya como técnico de cocina hizo tres meses de prácticas en el Restaurante Pablo y se incorporó como trabajadora durante un mes más. En ese periodo, asegura, aprendió a desenvolverse “y a no tener miedo en la cocina”. A pesar de estar contenta en su puesto, decidió solicitar una beca Erasmus+ porque quería “adquirir más experiencia y porque en los restaurantes ves diferentes formas de trabajar y nuevas técnicas”.

Cabe recordar que pudo acceder a esa beca porque el CIFP Ciudad de León forma parte, junto con la Fundación Leonesa para el Desarrollo Económico, la Formación y el Empleo (Fuldefe), y otros centros formativos, del Consorcio Eurolabora, que concurre a convocatorias Erasmus+ de prácticas en empresas. En su caso, esta ayuda hizo posible que esta colombiana y leonesa de adopción creciese con “una experiencia laboral y vital muy positiva”.

 

Carlos S. Campillo / ICAL La repostera Luisa Castro, cursa una beca Erasmus+ del Ildefe en el Restaurante Pablo, recientemente galardonado con una Estrella Michelín

 

Obstáculos y azar

Después de rechazar alguna de las posibilidades que le planteaban, comenzó a mandar solicitudes con su currículum a varios establecimientos. Cuando ya se acababan las opciones y el tiempo y el destino más que probable era una tasca de Oporto, recibió la respuesta afirmativa del Bon Bon. Ella lo había elegido porque tenía una estrella Michelín, también por la zona en la que está ubicado y “porque en Portugal tienen muy buena gastronomía”.

El día que viabaja al Algarve su coche se averió sin posibilidad de arreglo y tuvo que pedir prestado el de unos amigos para llegar a tiempo. Tampoco le fue fácil lograr alojamiento asequible en una zona con precios bastante elevados. “Pedían como 400 euros por semana por una habitación pero encontré un piso de un sevillano, le conté mi situación y parece que le conmoví porque me lo alquiló”.

Con estos incidentes previos, considera que fue “un golpe de suerte” poder finalmente incorporarse al Bon Bon, aunque al principio no las tenía todas consigo porque al chef no le gustó que no supiese hablar ni inglés ni portugués. Le asignaron a la parte de repostería, que a ella no le gustaba, y pidió poder trabajar en la zona de elaboración de los platos calientes, donde permaneció un mes y reconoce que aprendió bastante y que le gustó su forma de trabajar. Solamente tenían servicio de noche y participaba en él activamente.

 

 

El segundo mes necesitaban personal en pastelería y ese fue su siguiente cometido. De la elevada temperatura de la cocina pasó a un espacio con aire acondicionado que le pareció “el paraíso”. Entonces se obró el ‘milagro’ y comenzó a cogerle gusto a una labor que le pareció “muy delicada y precisa y en la que los errores no tienen arreglo”. Los llamativos emplatados, bombones pintados de colores, técnicas y texturas sorprendentes y la elaboración de helados y otras delicias conquistaron a Luisa durante el resto de las prácticas. El gusto por la pastelería no es lo único con lo que volvió a León desde Portugal, ya que se enamoró de un camarero y compañero del restaurante, Luciano, con quien ahora comparte su vida.

En octubre de 2018 concluyó la beca y ese mismo mes se incorporó a la plantilla del Restaurante Pablo, donde casualmente había una vacance en pastelería. Desde entonces, también constata una evolución de la mano del chef Juanjo. “Él te dice que quiere algo, que te lo imagines, te da el concepto”, explica y añade que se ve más madura. Aunque recalca que necesita más experiencia, destaca que ha aprendido “más disciplina y a trabajar mejor”.

Es plenamente consciente de que ya no es becaria ni está en prácticas y la responsabilidad que tiene es mayor. No le asusta aprender de los errores y se atreve, como corresponde, a innovar con fusiones e ingredientes diversos que aportan experiencias gastronómicas cuyos veredictos ve en las caras satisfechas de los clientes. La mayor compensación, añade, “es que que tú mismo veas que lo que haces está bien”. “Es vocación; si estás en esto por otro motivo, lo pasas mal”, afirma Luisa, que asegura que cree en el destino y que la cocina es su camino… un camino de estrellas.

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